LATERALIDAD CRUZADA Y RENDIMIENTO EN ESGRIMA: UN ANÁLISIS DE LA DOMINANCIA OCULAR, LA LATERALIDAD MANUAL Y LOS TIEMPOS DE REACCIÓN EN ESGRIMISTAS
Resumen
La esgrima es un deporte que exige una coordinación visomotora precisa, tiempos de reacción rápidos y un alto nivel de capacidad perceptivo-cognitiva. En este contexto, la lateralidad—entendida como la preferencia funcional por un lado del cuerpo—puede desempeñar un papel fundamental en el rendimiento deportivo. Aunque la influencia de la lateralidad manual ha sido ampliamente estudiada, la contribución de la dominancia ocular, y especialmente su interacción con la lateralidad manual (es decir, lateralidad cruzada o no cruzada), ha recibido una atención limitada en este deporte.
Este estudio evaluó a 97 esgrimistas de distintos niveles competitivos y modalidades de arma (espada, florete y sable) con el objetivo de analizar la relación entre sus perfiles de lateralidad (ojo y mano dominantes) y los tiempos de reacción en tareas de complejidad creciente. Las pruebas incluyeron reacción simple, reacción de elección, tareas Go/No-Go y tareas de toma de decisiones, midiendo los tiempos de respuesta con precisión en milisegundos. Asimismo, el análisis examinó la distribución de los perfiles de lateralidad según el nivel competitivo y la especialización por arma.
Los resultados indicaron que los esgrimistas con lateralidad cruzada (ojo dominante y mano dominante en lados opuestos) presentaron tiempos de reacción significativamente más rápidos en tareas complejas, especialmente aquellas que implicaban toma de decisiones y ejecución motora. Además, este perfil fue más prevalente entre deportistas de nivel nacional e internacional, particularmente en las disciplinas de florete y sable. En contraste, la lateralidad no cruzada fue más frecuente entre los tiradores de espada y aquellos de nivel regional o amateur.
Estos hallazgos sugieren que la lateralidad cruzada podría representar un perfil perceptivo-motor óptimo en la esgrima, al favorecer la integración sensoriomotora y reducir el tiempo de procesamiento cerebral. Este conocimiento puede resultar clave para optimizar programas de entrenamiento, mejorar la detección de talento y desarrollar estrategias personalizadas orientadas al alto rendimiento.