1) Introducción
El fútbol playa es uno de los deportes de mayor crecimiento en los últimos años, desde su oficialización por la FIFA en el año 2004. Se caracteriza por un formato dinámico, disputado sobre arena, con jugadores descalzos, sustituciones ilimitadas y alta intensidad de juego, lo que exige elevados niveles de capacidad física, técnica y metabólica-.
Fisiológicamente se caracteriza como un deporte intermitente de alta intensidad, donde su frecuencia cardiaca máxima oscila entre el 85-90% en más de la mitad del tiempo de juego, con una contribución relevante del metabolismo anaeróbico. En consecuencia, exige mayor capacidad anaeróbica, fuerza y resistencia, dado que la intensidad del juego es más pronunciada que un encuentro de fútbol tradicional.
La composición corporal constituye un componente relevante de la evaluación de deportistas, debido a su relación con la salud, capacidad funcional y rendimiento deportivo. El modelo de fraccionamiento en cinco componentes permite caracterizar las masas muscular, adiposa, ósea, residual y de la piel. De manera complementaria, el análisis del somatotipo permite describir la configuración morfológica de los deportistas y comparar perfiles entre disciplinas o niveles competitivos.
La masa muscular es un componente importante para la producción de fuerza y potencia. Su desarrollo y mantenimiento dependen de la interacción entre el entrenamiento, la disponibilidad de energía y nutrientes, la recuperación y las características individuales del deportista. Por ello, tanto la planificación del entrenamiento como la alimentación requieren una adecuada organización para favorecer las adaptaciones deportivas y evitar modificaciones no deseadas de la composición corporal.
En este contexto, la nutrición y los hábitos alimentarios son factores esenciales tanto para mantener la salud como para optimizar el rendimiento deportivo. Los hábitos alimentarios están influenciados por factores sociales, económicos, culturales y preferencias individuales, configurando patrones que pueden facilitar o dificultar el cumplimiento de las recomendaciones nutricionales.
El objetivo de este estudio fue describir los hábitos alimentarios y la composición corporal de jugadores de la preselección chilena de fútbol playa. Este enfoque busca llenar las lagunas identificadas en la literatura existente, proporcionando datos valiosos que pueden influir en las prácticas de entrenamiento y en las políticas deportivas. Al abordar estas áreas, se pretende contribuir a un cuerpo de conocimiento que permita a entrenadores y atletas optimizar el rendimiento y la salud en el contexto del fútbol playa, un deporte que continúa ganando relevancia y popularidad a nivel mundial.
2) Método
Se realizó un estudio no experimental, transversal y descriptivo, orientado a evaluar los hábitos alimentarios y la composición corporal de jugadores de fútbol playa. Se utilizó un muestreo por conveniencia, determinado por el acceso a los participantes durante los entrenamientos de la preselección chilena. La muestra estuvo constituida por 20 deportistas varones. Los criterios de inclusión fueron tener una edad igual o superior a 18 años, participar en los entrenamientos de la preselección chilena, estar inscrito durante al menos tres meses en un club de la Liga Nacional de Fútbol Playa y no presentar lesiones que impidieran entrenar durante un período superior a un mes.
Las evaluaciones antropométricas se realizaron en el estadio Arena Cavancha de Iquique, lugar de entrenamiento de la selección nacional. Las mediciones fueron efectuadas por un profesional certificado por la Sociedad Internacional para el Avance de la Cineantropometría (ISAK). El peso corporal se determinó con una balanza digital con precisión de 100 g (modelo 803, SECA®). La estatura, tanto de pie como sentada, se midió descalzo mediante un estadiómetro con precisión de 0,1 cm (modelo 213, SECA®). Los diámetros óseos se midieron con antropómetro corto y largo del kit de antropometría (Health & Performance®, Chile), los pliegues cutáneos con un plicómetro SlimGuide® con sensibilidad de ± 1mm y presión constante de ± 10 g/mm², y los perímetros corporales con una cinta métrica Lufkin® con sensibilidad de 1 mm. Se aplicaron procedimientos estandarizados para cada medición y los instrumentos fueron revisados antes de cada sesión. Las evaluaciones se realizaron por duplicado y el error técnico de medición intraevaluador se mantuvo dentro de los estándares propuestos por ISAK.
La composición corporal se estimó mediante el modelo de cinco componentes de Kerr (masa adiposa, muscular, ósea, residual y piel). El somatotipo se determinó con el método antropométrico de Heath-Carter. Los cálculos se realizaron con el software 5Componentes®, utilizando mediciones obtenidas según los procedimientos estandarizados por ISAK.
Los hábitos alimentarios se evaluaron mediante la “Encuesta de Hábitos Alimentarios” de Durán et al., validada en población chilena, compuesta por dos ámbitos. El primero evalúa hábitos saludables a partir de la frecuencia de consumo de alimentos recomendados por las guías alimentarias chilenas, mediante 9 ítems con escala tipo Likert (1 a 5 puntos), y un rango total 9 a 45 puntos, donde valores mayores indican mejores hábitos alimentarios. El segundo ámbito evalúa hábitos no saludables, incluyendo alimentos promotores de enfermedades crónicas no transmisibles, compuesta por 6 ítems (5 con puntaje 1 a 5 y uno de 1 a 3 correspondiente al consumo de sal), alcanzando valores de 6 a 28 puntos (a mayor valor, peores son los hábitos alimentarios). Se utilizó como criterio operativo un valor equivalente al 60% del puntaje máximo para categorizar las respuestas como “hábitos saludables” y “hábitos no saludables”. El instrumento fue autoaplicado bajo la supervisión de un nutricionista asegurando la comprensión y precisión en las respuestas.
Los datos recolectados se analizaron mediante estadística descriptiva, presentándose como media y desviación estándar, frecuencias y porcentajes. El análisis se realizó con el software JASP 0.18.3. El estudio fue aprobado por el Comité Ético Científico de la Universidad Mayor (código de aprobación 720/2024).
3) Resultados
La muestra estuvo conformada por 20 jugadores de fútbol playa de la preselección chilena, con una edad media de 22,9 ± 6,9 años. Las características generales y la composición corporal se presentan en la Tabla 1.
El porcentaje de masa muscular fue de 49,6 ± 1,7%, mientras que la masa adiposa fue de 23,2 ± 2,0%. El análisis somatotipo medio correspondió a un perfil mesoendomorfo (Endo: 2,8; Meso: 4,9; Ecto: 2,1).
Los resultados de la encuesta de hábitos alimentarios se presentan en la Tabla 2. En el ámbito de hábitos saludables, el 75% de los jugadores alcanzó al menos el 60% del puntaje máximo, donde la puntación media fue de 29,4 de 45 puntos. En cuanto a los hábitos no saludables, el 20% de los participantes estuvo por sobre el punto de corte establecido, la puntación media fue de 14,1 de 28 puntos. Ambos porcentajes corresponden a ámbitos independientes del instrumento y, por tanto, no representan categorías mutuamente excluyentes.
Se observó que entre 80 y 90% de los jugadores, consume lácteos, frutas, verduras, pescados, leguminosas y el 50% de ellos consume, sin embargo, las porciones ingeridas fueron inferiores a las recomendadas óptimas para la población chilena. Así mismo, se evidenció un consumo de bebidas azucaradas, frituras, comida rápida y snacks dulces de hasta 2 porciones por día, lo cual se considera elevado en las recomendaciones para la población chilena.
4) Discusión
Debido a la limitada información disponible en poblaciones comparables, los resultados se contrastaron con futbolistas profesionales de campo y de balonmano playa. Estas comparaciones deben interpretarse con preocupación, debido a las diferencias entre disciplinas, niveles competitivos, características muestrales y métodos de evaluación.
Los jugadores evaluados presentaron menor porcentaje masa muscular (49,6%) y mayor adiposidad (23,2% y mayor sumatoria de 6 pliegues de 60,9 mm) en comparación con futbolistas profesionales chilenos, quienes reportaron valores de 50,1%, 20,1% y 43,2 mm, respectivamente. Asimismo, el somatotipo predominante fue mesoendomorfo (2,8-4,9-2,1), a diferencia del mesomorfismo balanceado descrito en futbolistas profesionales de campo (2,2-5,3-2,2), al igual que seleccionados españoles de balonmano playa (2,6-4,4-2,7), quienes además presentaron un mayor peso (85,2 kg), estatura (187 cm) e IMC (24,2 kg/mt2), además de una sumatoria de 6 pliegues similar a la muestra de futbolistas de playa chilenos.
Las diferencias observadas entre estudios podrían relacionarse con las características propias de cada disciplina, el nivel competitivo, el volumen y la organización del entrenamiento, la experiencia deportiva y las particularidades de las muestras. Sin embargo, debido al diseño descriptivo del presente estudio, no es posible determinar cuáles de estos factores explican las diferencias encontradas.
En relación con los hábitos alimentarios, una proporción importante de los jugadores reportó frecuencias de consumo de lácteos, frutas, verduras, pescados, leguminosas y alimentos integrales inferiores a las recomendaciones consideradas por el instrumento. Paralelamente, se registró un consumo frecuente de bebidas azucaradas, frituras, comida rápida y snacks dulces. Estos hallazgos son consistentes con lo reportado en atletas paralímpicos chilenos y con estudiantes universitarios de la carrera de pedagogía en educación física, en quienes se aplicó el mismo instrumento. No obstante, las diferencias entre las características deportivas y sociodemográficas de estas muestras deben considerarse al interpretar las comparaciones.
El hecho de que el 75% alcanzara el criterio establecido en el ámbito de hábitos saludables no implica necesariamente el cumplimiento de todas las recomendaciones alimentarias. La puntuación global del ámbito puede coexistir con frecuencias insuficientes en grupos específicos de alimentos, como se observó para lácteos, frutas, verduras y pescados. Del mismo modo, los resultados correspondientes a hábitos saludables y no saludables representan dimensiones independientes, por lo que un participante puede presentar simultáneamente prácticas favorables y desfavorables. La coexistencia de conductas alimentarias saludables y no saludables podría deberse a que, como lo sugiere la evidencia disponible, el conocimiento nutricional, aunque relevante, no siempre se traduce directamente en conductas alimentarias adecuadas.
La composición corporal resulta de la interacción multifactorial entre la ingesta alimentaria, características biológicas y las condiciones ambientales. Por tanto, los hábitos alimentarios no explican por sí solos los resultados de la composición corporal, la cual también está influenciada por el tipo de entrenamiento y las demandas específicas del deporte. La carga de entrenamiento, que combina trabajo de resistencia y fuerza, podría tener un impacto más determinante sobre la composición corporal que la alimentación aislada. En deportes donde predomina la fuerza y la velocidad, como el fútbol playa, el entrenamiento estructurado es el principal modulador de la masa muscular y la reducción de la masa adiposa. Además, las adaptaciones fisiológicas y la eficiencia energética del entrenamiento podrían atenuar los efectos observables de la dieta a corto plazo. En ese sentido, no solo los hábitos de alimentación generales, sino también los tiempos de ingesta y la disponibilidad de carbohidratos y otros nutrientes, pueden ser relevantes para el rendimiento y la recuperación. No obstante, el estudio no evaluó ingesta cuantitativa, disponibilidad energética, distribución de nutrientes ni la carga de entrenamiento, por lo que no es posible establecer relación con la composición corporal observada.
Entre las limitaciones del estudio, el tamaño muestral podría haber limitado la capacidad de generalización de los resultados. Adicionalmente, los potenciales sesgos en la percepción propia de hábitos alimentarios podrían haber afectado la precisión de los datos.
A pesar de estas limitaciones, el estudio aporta información sobre una población deportiva poco investigada. Los resultados pueden servir como antecedente para futuras evaluaciones nutricionales y antropométricas en fútbol playa. Se recomienda desarrollar estudios con muestras de mayor tamaño, diseños longitudinales e instrumentos que permitan evaluar cuantitativamente la ingesta, la disponibilidad energética y la relación temporal entre alimentación, entrenamiento y composición corporal.
5) Conclusiones
Los jugadores de fútbol playa evaluados presentan un mayor porcentaje de masa adiposa y un menor porcentaje de masa muscular en comparación con futbolistas profesionales chilenos reportados en la literatura. Los hábitos alimentarios son subóptimos caracterizados por un consumo inferior a las recomendaciones de lácteos, frutas, verduras, leguminosas, pescados y alimentos integrales, junto con un consumo frecuente de bebidas azucaradas, frituras, comida rápida y snacks dulces.
Estos hallazgos respaldan la necesidad de implementar intervenciones nutricionales específicas para el fútbol playa, orientadas a optimizar la composición corporal y promover patrones de alimentación más saludables en esta población deportiva.
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