INTRODUCCIÓN

La diabetes mellitus tipo 2 (DT2) constituye una de las principales enfermedades metabólicas crónicas a nivel mundial, representando más del 90 % de los casos de diabetes y afectando a más de 500 millones de personas adultas (). Su etiología involucra una compleja interacción entre predisposición genética, estilos de vida y factores ambientales, caracterizándose por hiperglucemia crónica secundaria a defectos combinados en la secreción de insulina y en su acción periférica (). La resistencia a la insulina es el elemento fisiopatológico central de la DT2 y el principal determinante de sus complicaciones micro y macrovasculares (). En este contexto, la alteración del metabolismo lipídico emerge como un componente clave, ya que la acumulación ectópica de lípidos en tejidos no adiposos, particularmente en músculo esquelético e hígado, se asocia estrechamente con disfunción metabólica y deterioro de la sensibilidad a la insulina (,).

En el músculo esquelético, los ácidos grasos se almacenan como triglicéridos intramiocelulares (IMCL) en gotas lipídicas que actúan como organelos dinámicos, cuya movilización depende de las demandas energéticas celulares (). El tamaño, número y localización subcelular de estas gotas, así como su asociación con proteínas de la familia perilipina (PLIN), determinan su destino metabólico y su impacto en la señalización insulínica (). En este sentido, la perilipina-2 (PLIN2) se asocia a un almacenamiento más estático de triglicéridos, limitando el acceso de lipasas como la adipose triglyceride lipase (ATGL), mientras que la perilipina-5 (PLIN5) favorece la movilización y oxidación de ácidos grasos al facilitar la interacción funcional entre la gota lipídica y la mitocondria (,). Este proceso, conocido como tethering o interacción gota–mitocondria, optimiza la transferencia de ácidos grasos para su oxidación durante la contracción muscular.

En personas con DT2, la organización de las gotas lipídicas difiere notablemente de la observada en atletas de resistencia. En sujetos insulinorresistentes, el exceso de IMCL se acumula en pocas gotas de gran tamaño, predominantemente subsarcolémicas, con elevada expresión de PLIN2 y escasa asociación mitocondrial. En contraste, en atletas entrenados predominan numerosas gotas pequeñas localizadas en la región intramiofibrilar, estrechamente acopladas a mitocondrias y recubiertas de PLIN5 (,). Esta configuración, conocida como “fenotipo tipo atleta”, se asocia con una elevada capacidad oxidativa y mayor flexibilidad metabólica, explicando la denominada paradoja del atleta: altos niveles de IMCL coexistiendo con una excelente sensibilidad a la insulina (,).

De forma análoga, el hígado en personas con DT2 presenta con frecuencia acumulación de lípidos intrahepáticos (IHL), contribuyendo al desarrollo de hígado graso no alcohólico y a la resistencia hepática a la insulina (,). A diferencia del músculo, donde las adaptaciones inducidas por el ejercicio son principalmente cualitativas, en el hígado el entrenamiento físico suele inducir una reducción cuantitativa del contenido de triglicéridos intrahepáticos (-). Esta disminución de IHL puede ocurrir incluso sin pérdida de peso significativa y se asocia a mejoras en la homeostasis glucémica y en la sensibilidad insulínica global (,). Entre los mecanismos propuestos se incluyen una menor disponibilidad de ácidos grasos circulantes hacia el hígado, reducción de la lipogénesis de novo y un aumento del uso oxidativo de lípidos inducido por el entrenamiento ().

El ejercicio físico se ha consolidado como una intervención terapéutica fundamental en el manejo de la DT2 por su capacidad para mejorar la sensibilidad a la insulina, reducir la glucemia y modular los depósitos lipídicos ectópicos. Sin embargo, persisten vacíos relevantes en la literatura. La mayoría de los estudios se han realizado en población sana u obesa, mientras que los datos específicos en personas con DT2 siguen siendo limitados (). Además, los efectos diferenciales del ejercicio agudo frente al entrenamiento crónico sobre la remodelación de IMCL e IHL, así como el impacto relativo de distintas modalidades de ejercicio y del estado nutricional, no han sido sistemáticamente evaluados en esta población.

La heterogeneidad metodológica de los estudios disponibles y la ausencia de síntesis integradoras dificultan establecer conclusiones firmes que orienten la práctica clínica y la prescripción del ejercicio en personas con DT2. En este contexto, resulta necesaria una revisión sistemática que integre la evidencia actual, identifique patrones de respuesta y señale lagunas de conocimiento. Por ello, el objetivo de la presente revisión es analizar de manera exhaustiva los efectos agudos y crónicos del ejercicio físico sobre los depósitos lipídicos intramiocelulares e intrahepáticos y su relación con la sensibilidad a la insulina en adultos con DT2.

METODOLOGÍA

Diseño del estudio y criterios de elegibilidad

Se realizó una revisión sistemática de la literatura siguiendo las recomendaciones PRISMA 2020. Se consideraron elegibles los ensayos clínicos aleatorizados, los estudios clínicos controlados no aleatorizados y los estudios cuasiexperimentales realizados en adultos de 18 años o más con diagnóstico confirmado de diabetes mellitus tipo 2 según criterios clínicos reconocidos. Los estudios debían analizar intervenciones de ejercicio aeróbico, entrenamiento interválico de alta intensidad —incluidos HIIT o SIT— o programas combinados de ejercicio aeróbico y entrenamiento de fuerza. Se admitieron tanto intervenciones agudas, correspondientes a una única sesión, como intervenciones crónicas con una duración mínima de dos semanas. Como comparador se aceptó el estado basal del mismo grupo o un grupo control sin intervención de ejercicio.

Los desenlaces primarios fueron los cambios en el contenido o en las características de los lípidos intramiocelulares (IMCL) y los lípidos intrahepáticos (IHL), evaluados mediante técnicas validadas como resonancia magnética, espectroscopia o biopsia. Como desenlaces secundarios se consideraron los cambios en la morfología de las gotas lipídicas, la expresión de PLIN2 y PLIN5, la interacción entre las gotas lipídicas y las mitocondrias, la oxidación de ácidos grasos y la sensibilidad a la insulina. Se incluyeron estudios publicados en inglés o español desde el año 2000 hasta diciembre de 2025.

Se excluyeron los estudios realizados en animales o mediante modelos in vitro, así como las revisiones narrativas, editoriales, cartas y comentarios. También se excluyeron las intervenciones multifactoriales en las que no fuera posible analizar de forma independiente el efecto del ejercicio, como los programas combinados de ejercicio y dieta sin presentación separada de los resultados. Asimismo, se descartaron los estudios que no incluyeran mediciones directas o indirectas de IMCL o IHL, las publicaciones duplicadas y aquellas con información incompleta.

Fuentes de información y estrategia de búsqueda

La búsqueda sistemática se realizó en PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science, Cochrane Library y Google Scholar. De forma complementaria, se revisaron las listas de referencias de los artículos incluidos y los registros de ensayos clínicos ClinicalTrials.gov y WHO ICTRP. La última búsqueda se efectuó el 15 de diciembre de 2025.

La estrategia de búsqueda combinó términos controlados, incluidos descriptores MeSH y Emtree, con palabras libres relacionadas con el ejercicio físico, los lípidos intramiocelulares e intrahepáticos y la diabetes tipo 2. La ecuación general de búsqueda fue la siguiente:

  • ("Exercise"[Mesh] OR "physical activity" OR "aerobic training" OR "high-intensity interval training" OR HIIT) AND ("Intramyocellular lipid" OR IMCL OR "Intrahepatic lipid" OR IHL OR "Lipid droplets" OR "Perilipin" OR PLIN2 OR PLIN5) AND ("Mitochondria" OR "Fat oxidation" OR "Insulin sensitivity") AND ("Diabetes Mellitus, Type 2"[Mesh] OR T2DM).

Selección de los estudios y extracción de datos

Dos revisores evaluaron de forma independiente los registros identificados. El proceso de selección se desarrolló en dos etapas: inicialmente se realizó el cribado de los títulos y resúmenes y, posteriormente, se revisaron los textos completos para confirmar el cumplimiento de los criterios de elegibilidad. Las discrepancias entre los revisores se resolvieron mediante consenso o con la participación de un tercer revisor. El proceso completo de identificación, cribado, elegibilidad e inclusión de los estudios se representó mediante un diagrama de flujo PRISMA 2020.

La información se recopiló mediante una hoja de extracción estandarizada. Para cada estudio se registraron el autor y el año de publicación, el país, el diseño, las características de la población —incluidos el tamaño muestral, la edad y el índice de masa corporal—, las características de la intervención —tipo, intensidad, duración y modalidad—, los métodos de medición y los resultados primarios y secundarios. La extracción de los datos fue realizada de forma independiente por dos revisores.

Evaluación metodológica y síntesis de los resultados

El riesgo de sesgo de los ensayos aleatorizados se evaluó mediante la herramienta RoB 2 de Cochrane. Dado que el análisis principal se centró en los ensayos aleatorizados, no se aplicó la herramienta ROBINS-I a los estudios no aleatorizados.

Los resultados se expresaron como cambios absolutos o relativos en los IMCL y los IHL, acompañados de sus intervalos de confianza del 95 % cuando estuvieron disponibles. Debido a la heterogeneidad metodológica de los estudios incluidos, no se realizó un metaanálisis. En su lugar, se llevó a cabo una síntesis narrativa estructurada, agrupando los resultados según el tipo de ejercicio, la modalidad aguda o crónica de la intervención, la localización del depósito lipídico —IMCL o IHL— y las características metabólicas de la población.

La certeza global de la evidencia para cada desenlace primario se evaluó mediante el enfoque GRADE, considerando el riesgo de sesgo, la inconsistencia, la indirectitud, la imprecisión y el sesgo de publicación. La evidencia se clasificó como de certeza alta, moderada, baja o muy baja, y los resultados se presentaron en tablas de resumen de hallazgos (Summary of Findings).

RESULTADOS

Se identificaron 1.230 registros en las bases de datos electrónicas. Tras eliminar 250 duplicados, se cribaron 980 títulos y resúmenes, de los cuales 900 fueron excluidos por no cumplir los criterios de inclusión. Se evaluaron 80 textos completos y finalmente se incluyeron 12 estudios en la síntesis narrativa (Figura 1, diagrama PRISMA). Los estudios incluidos (8 ensayos clínicos aleatorizados y 4 cuasiexperimentales), publicados entre 2001 y 2019, abarcaron aproximadamente 296 adultos con diabetes mellitus tipo 2, algunos con diagnóstico concomitante de hígado graso no alcohólico. La edad media osciló entre 49 y 59 años. La duración de las intervenciones varió entre 2 semanas y 6 meses.

Las intervenciones incluyeron entrenamiento aeróbico continuo de intensidad moderada (50–70 % VO₂máx), entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT/SIT; 85–100 % VO₂pico), entrenamiento de fuerza, programas combinados aeróbico–fuerza y, en algunos casos, ejercicio asociado a intervención dietética. La frecuencia fue generalmente de 3 sesiones semanales, con duraciones de 30–60 minutos por sesión. Los métodos de evaluación incluyeron resonancia magnética, espectroscopía por protón y biopsias musculares para cuantificar lípidos intrahepáticos (IHL), intramiocelulares (IMCL) y proteínas asociadas a gotas lipídicas (PLIN2, PLIN5).

La mayoría de los estudios reportó reducciones significativas del IHL, con descensos aproximados del 30–45 % tras programas aeróbicos o HIIT, incluso en ausencia de pérdida de peso significativa. La combinación de ejercicio con dieta hipocalórica o paleolítica produjo reducciones aún mayores, alcanzando valores cercanos al 45 % en intervenciones de corta duración. Los protocolos HIIT mostraron efectos similares o superiores al entrenamiento continuo, pese a un menor volumen total de ejercicio.

En el músculo esquelético, varios estudios describieron un aumento del IMCL asociado a un “fenotipo tipo atleta”, caracterizado por una redistribución hacia gotas lipídicas más pequeñas, intramiofibrilares y estrechamente acopladas a mitocondrias, junto con mayor expresión de PLIN5. Este patrón se asoció a mejoras en la oxidación de ácidos grasos y sensibilidad a la insulina, en contraste con la acumulación lipídica subsarcolémica y rica en PLIN2 observada en sujetos sedentarios con DT2. El HIIT favoreció una remodelación rápida del IMCL, mientras que el entrenamiento de fuerza contribuyó a adaptaciones estructurales complementarias.

El riesgo de sesgo fue predominantemente bajo, aunque algunos estudios presentaron información incompleta sobre los procesos de aleatorización y ocultación de la asignación. Según el enfoque GRADE, la certeza de la evidencia fue moderada para los desenlaces primarios (IMCL e IHL), limitada principalmente por el tamaño reducido de las muestras y la heterogeneidad metodológica.

Figura 1. Diagrama de flujo PRISMA 2020.
Figura 1Diagrama de flujo PRISMA 2020. 

Figura 1. Se identificaron 1.230 registros en las bases de datos (PubMed, Scopus, Web of Science, Cochrane Library y Google Scholar). Tras eliminar 250 duplicados, se cribaron 980 títulos y resúmenes, de los cuales se excluyeron 900 por no cumplir los criterios de inclusión. Se evaluaron 80 textos completos y se excluyeron 68 por razones metodológicas o de diseño (p. ej., no evaluaban lípidos, ausencia de ejercicio supervisado, intervenciones multifactoriales o datos insuficientes). Finalmente, se incluyeron 12 estudios en la revisión sistemática.

Tabla 1Evaluación del riesgo de sesgo ROB. 
Estudio (año) Generación aleatoria Ocultación de la asignación Desviaciones de la intervención Datos faltantes Medición del resultado Riesgo global
Bacchi et al., 2013 () Bajo Incierto Bajo Bajo Bajo Bajo
Sullivan et al., 2012 () Bajo Incierto Bajo Bajo Bajo Bajo
Shaw et al., 2012 () Incierto Incierto Bajo Bajo Bajo Algunas preocupaciones
Meex et al., 2010 () Incierto Incierto Bajo Bajo Bajo Algunas preocupaciones
Tamura et al., 2005 () Incierto Incierto Bajo Bajo Bajo Algunas preocupaciones
Otten et al., 2017 () Bajo Bajo Bajo Bajo Bajo Bajo
Sjöros et al., 2019 () Bajo Bajo Bajo Bajo Bajo Bajo
Shepherd et al., 2013 () Bajo Bajo Bajo Bajo Bajo Bajo
Nielsen et al., 2010 () Incierto Incierto Bajo Bajo Bajo Algunas preocupaciones
Boudou et al., 2001 () Incierto Incierto Bajo Bajo Bajo Algunas preocupaciones
Winding et al., 2018 () Bajo Bajo Bajo Bajo Bajo Bajo
Cassidy et al., 2016 () Bajo Bajo Bajo Bajo Bajo Bajo

La evaluación del riesgo de sesgo Tabla 1, mediante la herramienta RoB 2 indicó un riesgo global bajo en la mayoría de los estudios. Se identificaron algunas preocupaciones relacionadas con la generación aleatoria y la ocultación de la asignación en ciertos trabajos, debido a descripciones metodológicas incompletas. Las desviaciones de la intervención presentaron bajo riesgo en todos los estudios, ya que los programas de ejercicio fueron controlados y supervisados. El riesgo por datos faltantes fue generalmente bajo, con excepciones puntuales asociadas a pérdidas de seguimiento. La medición de los resultados mostró bajo riesgo en todos los estudios, dado el uso de técnicas objetivas y validadas para la evaluación de IMCL e IHL. En conjunto, no se identificaron sesgos sistemáticos que comprometan la validez global de la síntesis narrativa.

Además la certeza de la evidencia para ambos resultados primarios se califica como moderada debido a: Limitaciones metodológicas en algunos estudios (riesgo de sesgo por falta de detalles en aleatorización y ocultación). Tamaños muestrales relativamente pequeños que generan cierta imprecisión. A pesar de ello, los efectos son consistentes y directamente aplicables a la población con DT2.

Tabla 2Características principales de los estudios incluidos en la revisión sistemática. 
Autor (año) Diseño N (H/M) Edad (años) Población Modalidad de ejercicio Duración Intensidad Medición IMCL / IHL Principal hallazgo
Bacchi et al., 2013 () ECA 50 (28/22) 59 ± 7 DT2 + NAFLD Aeróbico vs fuerza 16 sem 60–70% VO₂máx / 70% 1RM RMN hepática (IHL) ↓ IHL 30–35 % en ambos grupos
Sullivan et al., 2012 () ECA 18 (9/9) 49 ± 10 NAFLD (algunos DT2) Aeróbico continuo 4 sem ~50–60% VO₂máx RMN hepática (IHL) ↓ IHL 10.3 % sin pérdida de peso
Shaw et al., 2012 () Cuasi-ECA 18 (10/8) 58 ± 6 DT2 Aeróbico prolongado 6 meses 55–70% VO₂máx Biopsia muscular (IMCL, PLIN2) Reorganización IMCL con ↑ IMCL ~40 %
Meex et al., 2010 () Cuasi-ECA 12 (NR) 59 ± 8 DT2 vs controles Aeróbico + fuerza 12 sem 60–70% VO₂máx / 65–70% 1RM ¹H-MRS + biopsia Fenotipo “tipo atleta” con ↑ IMCL 45–50 %
Tamura et al., 2005 () ECA 20 (12/8) 54 ± 9 DT2 Dieta + ejercicio 2 sem 50–60% VO₂máx RMN hepática y muscular ↓ IHL ~40 % y ↓ IMCL
Otten et al., 2017 () ECA 32 (12/20) 59 ± 7 DT2 Dieta paleolítica ± ejercicio 12 sem 60–70% FC reserva RMN hepática (IHL) ↓ IHL 35–45 % (grasa hepática)
Sjöros et al., 2019 () ECA 44 (NR) 54 ± 8 DT2 / prediabetes SIT vs MICT 2 sem SIT: ~200% VO₂pico / MICT: 60% VO₂pico ¹H-MRS (IMCL) Respuesta heterogénea IMCL con ↑ IMCL 20–30 %
Shepherd et al., 2013 () ECA 16 (H) 53 ± 6 DT2 HIIT vs continuo 6 sem HIIT: ~200% Wpico Biopsia muscular (IMCL, PLIN) ↑ PLIN5 (~30 %) y mayor degradación de IMTG
Nielsen et al., 2010 () Cuasi-ECA 14 (NR) 56 ± 7 DT2 sedentarios Endurance 10 sem ~65% VO₂máx Biopsia + EM ↑ contacto gota–mitocondria (reorganización cualitativa IMCL)
Boudou et al., 2001 () ECA 12 (H) 52 ± 6 DT2 Aeróbico intermitente 8 sem 60–70% VO₂máx MRI (grasa visceral) ↓ grasa visceral ~20 %
Winding et al., 2018 () ECA 32 (NR) 57 ± 8 DT2 HIIT bajo volumen 12 sem ~90% VO₂pico ¹H-MRS hepática (IHL) ↓ IHL ~30 % y mejora de HbA1c
Cassidy et al., 2016 () ECA 28 (NR) 56 ± 9 DT2 HIIT intermitente 12 sem ~90% VO₂pico MRI hepática (IHL) ↓ IHL 25–35 %

Nota Estudios incluidos en la revisión. IMCL: Intramyocellular lipid (lípido intramiocelular) IHL: Intrahepatic lipid (lípido intrahepático) HIIT: High-intensity interval training (entrenamiento interválico de alta intensidad) SIT: Sprint interval training (entrenamiento por inter-valos de sprints). MICT: Moderate-intensity continuous training (entrenamiento continuo de intensidad moderada). DT2: Diabetes mellitus tipo 2. NAFLD: Non-alcoholic fatty liver disease (enfermedad hepática grasa no alcohólica). RMN / MRI: Resonancia magnética nuclear. MRS: Magnetic resonance spectroscopy (espectroscopia por resonancia magnética)

La revisión incluyó 12 estudios (8 ensayos clínicos aleatorizados y 4 cuasi-experimentales) publicados entre 2001 y 2019, con un total aproximado de 296 participantes adultos con diabetes tipo 2 (algunos con NAFLD). Las muestras fueron predominantemente mixtas en sexo, con edades promedio entre 49 y 59 años. Las intervenciones abarcaron ejercicio aeróbico continuo, entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT o SIT), programas combinados aeróbico + fuerza y, en algunos casos, ejercicio aso-ciado a dieta. La duración de los programas varió de 2 semanas (intervenciones agudas) a 6 meses (entrenamiento prolongado), con frecuencias de 3 a 5 sesiones por semana. Las mediciones de los depósitos lipídicos se realizaron principalmente mediante resonancia magnética nuclear (RMN) y espectroscopía por protón (¹H-MRS) para IHL, y biopsias musculares para IMCL y proteínas asociadas (PLIN2, PLIN5). Algunos estudios evaluaron parámetros adicionales como contacto gota-mitocondria, grasa visceral o sensibilidad a la insulina. En conjunto, los estudios reportaron una reducción consistente de IHL del orden del 30–45 % tras programas aeróbicos o HIIT, independiente de la pérdida de peso. En IMCL, se observó una reorganización cualitativa hacia el “fenotipo tipo atleta”, con aumento de PLIN5 y contacto gota-mitocondria, asociado a mejora de la flexibilidad metabólica y la sensibilidad insulínica.

Tabla 3Parámetros de entrenamiento recomendados. 
Modalidad de ejercicio Intensidad recomendada Frecuencia Volumen Duración mínima eficaz Observaciones
Aeróbico continuo (MICT) 50–70 % VO₂máx o 60–75 % FC reserva 3–5 veces/semana 30–60 min por sesión ≥ 4–12 semanas Reducción consistente del IHL y mejora de la sensibilidad a la insulina, independiente de la pérdida de peso corporal (,).
Entrenamiento interválico (HIIT/SIT) 85–100 % VO₂pico (intervalos de 30 s–1 min) 3 veces/semana 4–10 intervalos con recuperación activa ≥ 2–12 semanas Reducciones rápidas del IHL y reorganización favorable del IMCL, con alta eficiencia temporal y potencial mejor adherencia (,,).
Fuerza / resistencia 60–80 % 1RM (progresivo) 2–3 veces/semana 2–3 series de 8–12 repeticiones ≥ 12 semanas Utilizado principalmente en programas combinados, mejora la fuerza y promueve una reorganización del IMCL hacia un “fenotipo tipo atleta”, favoreciendo la flexibilidad metabólica (,).
Combinado (aeróbico + fuerza) 60–70 % VO₂máx + 60–70 % 1RM 3 veces/semana Aeróbico ~30 min + fuerza 2–3 series ≥ 12 semanas Efecto sinérgico: reducción del IHL y optimización simultánea del perfil muscular y metabólico, observado de forma consistente en intervenciones de mediana duración (,).

Nota MICT: Moderate-intensity continuous training (entrenamiento continuo de intensidad moderada). HIIT: High-intensity interval training (entrenamiento interválico de alta intensidad). SIT: Sprint interval training (entrenamiento interválico de sprints). VO₂máx: Con-sumo máximo de oxígeno. VO₂pico: Consumo pico de oxígeno. 1RM: Repetición máxima. FC reserva: Frecuencia cardíaca de reserve. IMCL: Intramyocellular lipid (lípido intramiocelular). IHL: Intrahepatic lipid (lípido intrahepático). NAFLD: Non-alcoholic fatty liver disease (enfermedad hepática grasa no alcohólica)

Los estudios analizados identifican cuatro modalidades principales de entrenamiento aplicadas en individuos con diabetes tipo 2 (DT2) y/o enfermedad hepática grasa no alcohólica (NAFLD): aeróbico continuo (MICT), interválico de alta intensidad (HIIT/SIT), fuerza/resistencia y entrenamiento combi-nado. Cada modalidad presenta diferencias en intensidad, frecuencia, volumen y duración, pero todas comparten un objetivo común: modular el contenido de lípidos hepáticos (IHL) e intramiocelulares (IMCL) y mejorar la flexibilidad metabólica.

En los programas de ejercicio aeróbico continuo de intensidad moderada (MICT), la intensidad se situó entre el 50 % y el 70 % del VO₂máx o entre el 60 % y el 75 % de la frecuencia cardiaca de reserva. Las intervenciones comprendieron entre tres y cinco sesiones semanales de 30 a 60 minutos, desarrolladas durante periodos de entre 4 y 12 semanas. Los estudios incluidos mostraron reducciones significativas del contenido de lípidos intrahepáticos (IHL), incluso en ausencia de pérdida de peso, junto con mejoras en la sensibilidad a la insulina y en diferentes parámetros cardiometabólicos (,).

El entrenamiento interválico de alta intensidad, incluidas las modalidades HIIT y SIT, se caracterizó por esfuerzos próximos al 85–100 % del VO₂pico, generalmente organizados en intervalos de entre 30 segundos y 1 minuto. Los protocolos se realizaron habitualmente tres veces por semana e incluyeron entre 4 y 10 intervalos con periodos de recuperación activa. Se observaron adaptaciones desde las 2 semanas de intervención, aunque otros programas se prolongaron hasta las 12 semanas (,). Esta modalidad produjo reducciones rápidas del contenido de IHL y una reorganización favorable de los lípidos intramiocelulares (IMCL) hacia un perfil «tipo atleta», asociada con una mayor oxidación lipídica y una mejor sensibilidad a la insulina. Además, el menor tiempo necesario para completar las sesiones puede favorecer la adherencia al programa.

En relación con el entrenamiento de fuerza o contra resistencia, los protocolos emplearon intensidades comprendidas entre el 60 % y el 80 % de una repetición máxima (1RM), con una progresión gradual de la carga. Generalmente, se realizaron entre dos y tres sesiones semanales, compuestas por dos o tres series de 8 a 12 repeticiones. Las intervenciones tuvieron una duración mínima aproximada de 12 semanas para observar modificaciones relevantes en los IMCL. Aunque esta modalidad no produjo reducciones del contenido de IHL tan marcadas como las observadas con el ejercicio aeróbico, favoreció una reorganización de los depósitos lipídicos intramusculares hacia un perfil metabólicamente más funcional y mejoró la flexibilidad metabólica y la fuerza muscular (,).

Los programas de entrenamiento combinado integraron ejercicio aeróbico realizado aproximadamente al 60–70 % del VO₂máx y entrenamiento de fuerza con cargas cercanas al 60–70 % de 1RM. Habitualmente se desarrollaron tres sesiones semanales, en las que se combinaron alrededor de 30 minutos de ejercicio aeróbico con dos o tres series de ejercicios de fuerza, durante intervenciones de aproximadamente 12 semanas. Esta modalidad produjo efectos complementarios, ya que redujo el contenido de IHL de forma comparable al ejercicio aeróbico continuo y, simultáneamente, mejoró la fuerza muscular, el perfil de los IMCL, la oxidación de lípidos y la capacidad funcional (,).

En conjunto, las modalidades de ejercicio analizadas mostraron efectos favorables sobre el metabolismo lipídico en adultos con diabetes tipo 2. No obstante, el HIIT y los programas combinados parecen producir adaptaciones más rápidas o más amplias, especialmente en relación con la reducción del contenido de IHL y la mejora de la flexibilidad metabólica. Por tanto, la selección del programa debe individualizarse de acuerdo con el estado físico inicial, las preferencias y la disponibilidad de tiempo de cada paciente.

Figura 2. Efecto de las modalidades de ejercicio sobre IHL e IMCL en DT2.
Figura 2Efecto de las modalidades de ejercicio sobre IHL e IMCL en DT2. 

La imagen muestra un gráfico de barras que compara la reducción del contenido de lípidos intrahepáticos (IHL) según diferentes modalidades de ejercicio. El entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT/SIT) presenta la mayor disminución, con un 35 %, seguido del entrenamiento combinado aeróbico y de fuerza con un 32 %. El ejercicio aeróbico continuo (MICT) logra una reducción del 30 %, mientras que el entrenamiento de fuerza aislado muestra el menor efecto, con apenas un 10 %. Estos datos indican que las modalidades interválicas y combinadas son las más eficaces para reducir IHL, superando al aeróbico continuo y, especialmente, al entrenamiento de fuerza por sí solo.

DISCUSIÓN

Esta revisión sistemática sintetiza la evidencia disponible sobre los efectos del ejercicio físico en los depósitos lipídicos intramiocelulares (IMCL) e intrahepáticos (IHL) en adultos con diabetes mellitus tipo 2 (DT2), integrando los resultados de 12 estudios (8 ensayos clínicos aleatorizados y 4 estudios cuasi-experimentales). En conjunto, los hallazgos confirman que el ejercicio induce adaptaciones metabólicas favorables tanto a nivel hepático como muscular, aunque a través de mecanismos diferenciados según el tejido, la modalidad de ejercicio y la duración de la intervención.

Uno de los principales hallazgos de esta revisión es la reducción consistente del contenido de lípidos intrahepáticos, con disminuciones del orden del 30–45 % tras programas de ejercicio aeróbico continuo o entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT), incluso en ausencia de pérdida de peso significativa. Este efecto refuerza la noción de que el ejercicio ejerce beneficios directos sobre el metabolismo hepático, más allá de los cambios en la masa corporal, probablemente mediados por una menor disponibilidad de ácidos grasos circulantes, una reducción de la lipogénesis de novo y un aumento del uso oxidativo de lípidos. Desde una perspectiva clínica, estos resultados respaldan el papel del ejercicio como intervención clave en la reducción del riesgo metabólico asociado al hígado graso no alcohólico en personas con DT2.

En concordancia con revisiones previas, los programas aeróbicos de intensidad moderada y el HIIT demostraron ser eficaces para reducir el IHL (). Sin embargo, el presente trabajo amplía la evidencia existente al mostrar que el HIIT puede inducir reducciones comparables o incluso superiores con un menor volumen total de ejercicio y en períodos más cortos. Este hallazgo es particularmente relevante en poblaciones con baja adherencia al ejercicio o con limitaciones de tiempo, sugiriendo que protocolos interválicos podrían representar una estrategia terapéutica eficiente y factible en el manejo de la DT2 (,).

En contraste con el patrón observado en el hígado, los cambios en el músculo esquelético no se caracterizan necesariamente por una disminución del contenido total de IMCL, sino por una reorganización cualitativa de los depósitos lipídicos (,). Los estudios incluidos muestran de forma consistente un desplazamiento hacia un “fenotipo tipo atleta”, con gotas lipídicas más pequeñas, localizadas en la región intramiofibrilar, mayor acoplamiento con mitocondrias y aumento de la expresión de PLIN5 (). Esta reorganización se asocia con una mejora de la flexibilidad metabólica y de la sensibilidad a la insulina, lo que permite reconciliar la aparente contradicción descrita en la literatura entre altos niveles de IMCL y buen control metabólico, conocida como la “paradoja del atleta” (,).

Este hallazgo aporta un matiz relevante a estudios previos que reportaron asociaciones inconsistentes entre IMCL y resistencia a la insulina (,), subrayando que el impacto metabólico de los lípidos intramusculares depende más de su organización subcelular y de su interacción con la maquinaria oxidativa que de su cantidad absoluta (). En este sentido, la evidencia analizada sugiere que el ejercicio transforma un almacenamiento lipídico potencialmente lipotóxico en un reservorio energético funcional, especialmente en sujetos con DT2.

No obstante, la interpretación de estos resultados debe considerar varias limitaciones. Existe una heterogeneidad considerable en los protocolos de ejercicio, con duraciones que oscilan entre 2 y 24 semanas, diferentes intensidades y modalidades de entrenamiento, así como variabilidad en los métodos de medición de IMCL e IHL (¹H-MRS, resonancia magnética y biopsias musculares (). Además, varios estudios presentan tamaños muestrales reducidos y reportan información incompleta sobre los procedimientos de aleatorización y ocultación de la asignación, lo que introduce cierta incertidumbre en la evaluación del riesgo de sesgo. Estas limitaciones metodológicas impidieron la realización de un metaanálisis cuantitativo y obligan a interpretar los resultados con cautela.

A pesar de estas limitaciones, la consistencia de los hallazgos —reducción del IHL y reorganización favorable del IMCL— respalda la solidez global de la evidencia. En conjunto, esta revisión refuerza la consideración del ejercicio físico como una terapia de primera línea en el manejo de la DT2 asociada a acumulación ectópica de lípidos, y destaca la necesidad de enfoques de entrenamiento que no solo busquen reducir la grasa hepática, sino también optimizar la calidad del almacenamiento lipídico muscular (). Futuros estudios con mayor tamaño muestral, seguimiento prolongado y evaluación integrada de variables moleculares y clínicas permitirán profundizar en estos mecanismos y afinar las recomendaciones de prescripción del ejercicio en esta población.

CONCLUSIONES

Esta Esta revisión sistemática demuestra que el ejercicio físico supervisado y estructurado induce adaptaciones favorables en el metabolismo lipídico del músculo esquelético y del hígado en adultos con diabetes tipo 2. Los programas de entrenamiento aeróbico continuo y, especialmente, el entrena-miento interválico de alta intensidad (HIIT/SIT) reducen de manera consistente el contenido de lípidos intrahepáticos entre un 30 % y 45 %, efecto que ocurre incluso sin pérdida de peso significativa y que se potencia cuando el ejercicio se combina con intervenciones dietéticas. A nivel muscular, el ejercicio no necesariamente disminuye los triglicéridos intramiocelulares (IMCL), sino que reorganiza su distribución hacia un patrón “tipo atleta”, caracterizado por gotas lipídicas más pequeñas y acopladas a mitocondrias, con incremento de proteínas como PLIN5 y mejora de la flexibilidad metabólica y la sensibilidad a la insulina. Entre las modalidades evaluadas, el HIIT destaca por su alta eficiencia en tiempo y magnitud de efectos, mientras que los programas combinados aeróbico + fuerza ofrecen beneficios sinérgicos al reducir IHL y optimizar el perfil muscular.

Estos hallazgos respaldan la inclusión del ejercicio como intervención de primera línea en el manejo de la diabetes tipo 2 con acumulación lipídica ectópica y sugieren que la prescripción debe individualizarse considerando el estado metabólico y las preferencias del paciente. Sin embargo, la evidencia disponible presenta limitaciones relacionadas con tamaños muestrales pequeños, heterogeneidad en protocolos y ausencia de seguimiento a largo plazo, por lo que se requieren estudios más amplios y prolongados que evalúen la sostenibilidad de estas adaptaciones y su impacto en desenlaces clínicos relevantes.

REFERENCIAS

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