INTRODUCCIÓN
El baloncesto es un deporte colectivo de alta intensidad que combina velocidad, agilidad, coordinación y contacto físico incidental. Desde su invención en 1891 por James Naismith, ha evolucionado hasta convertirse en una de las disciplinas más practicadas a nivel mundial, con millones de jugadores en todos los continentes.
La Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) regula la normativa y organiza competiciones internacionales, mientras que la National Basketball Association (NBA) constituye la liga de referencia en Estados Unidos y Canadá, con ciertas diferencias reglamentarias,.
Aunque el baloncesto no se considera un deporte de contacto total, presenta múltiples situaciones de colisión e impacto que favorecen la aparición de lesiones faciales,. La concentración de varios jugadores en espacios reducidos aumenta la probabilidad de choques entre deportistas o con el balón.
La mayoría de estudios epidemiológicos en baloncesto se han centrado en las extremidades inferiores, principalmente por la alta frecuencia de lesiones de tobillo y rodilla. Sin embargo, las lesiones craneofaciales, con secuelas físicas y psicológicas relevantes, han suscitado un creciente interés en los últimos años. Estas incluyen laceraciones, contusiones, traumatismos oculares y fracturas óseas (nasales, orbitarias, cigomáticas o mandibulares),. Sus secuelas pueden abarcar desde alteraciones respiratorias o del sueño hasta la reducción de la agudeza visual,, comprometiendo el rendimiento deportivo e incluso la duración de la carrera profesional.
Pese a la existencia de dispositivos como gafas protectoras o máscaras faciales, su uso en baloncesto sigue siendo escaso, salvo los protectores bucales, cuya eficacia preventiva está documentada. En la NBA, el empleo de protección ocular tras una lesión sigue siendo mínimo y no ha variado en décadas. Entre las razones referidas destacan la incomodidad, la alteración visual y la resistencia estética o social.
Los estudios de revisión existentes que recojan la epidemiología de estas lesiones se remontan al 2013, centrándose en la problemática ocular. Más recientemente, Kuenstler et al. analizaron la incidencia de lesiones faciales en la NBA entre 2013 y 2018.
En este contexto, el objetivo de la presente revisión sistemática es actualizar el conocimiento sobre la incidencia y las características de las lesiones faciales en el baloncesto, con el fin de aportar información útil a profesionales sanitarios, entrenadores, jugadores y organismos deportivos, así como fomentar la adopción de estrategias preventivas más eficaces.
MATERIAL Y MÉTODOS
Fuentes de información
Esta revisión sistemática siguió las directrices de la declaración Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses (PRISMA). Se realizó una búsqueda bibliográfica durante los meses de diciembre de 2024 y enero de 2025 en las siguientes 5 bases de datos: PubMed, Cinahl, Scopus, Web of Science y Medline.
Pregunta de investigación
Para la formulación de la pregunta de investigación en esta revisión sistemática se utilizó el modelo Condition, Context, Population (CoCoPop), especialmente indicado para revisiones centradas en estimar prevalencia o incidencia. Este modelo permite estructurar adecuadamente estudios descriptivos en el ámbito epidemiológico, cuando el objetivo no es evaluar una intervención, sino describir la ocurrencia de un fenómeno en una población específica. Los componentes del modelo CoCoPoP aplicados al presente estudio son los siguientes:
Estrategias de búsqueda
Para la realización de la búsqueda en las bases de datos anteriormente mencionadas, se tuvo que elaborar una ecuación de búsqueda, basándose en términos del Medical Subjects Headings (MeSH): se emplearon “Basketball” y “Facial injuries”, unidos por el operador booleano “AND”. Las ecuaciones de cada base de datos se muestran en la Tabla 1.
Criterios de inclusión y exclusión
Criterios de inclusión: se observaron todos aquellos artículos observacionales publicados en los últimos 5 años en castellano o inglés, en los que se analizase la incidencia de las lesiones faciales en jugadores/as de baloncesto de cualquier nivel y edad. Se observó este límite temporal para obtener la incidencia actual de lesiones faciales, especialmente tras la recuperación paulatina de la práctica deportiva en la era post-COVID-19. Criterios de exclusión: artículos que no se ajustasen al objetivo de la revisión, revisiones sistemáticas, tesis doctorales, estudios de casos, actas de congreso y comentarios de autor.
En una primera fase se eliminaron artículos duplicados y aquellos publicados con anterioridad a 2020. En una 2ª fase se realizó una criba mediante dos revisores independientes, examinando título y resumen para determinar su inclusión. En caso de discordancia, un tercer revisor realizaba la valoración final del artículo. Posteriormente, ambos revisores realizaron el análisis del texto completo, confirmando su elegibilidad. De igual modo, en caso de conflicto entre par revisor, actuaba un tercer juez. Finalmente, se recogieron las principales características de los estudios seleccionados: autor y año, muestra, participantes, recogida de datos y años de estudio, número y tipo de lesiones.
Calidad metodológica
Para evaluar la calidad metodológica de los distintos artículos seleccionados se utilizó la escala Newcastle-Ottawa Scale (NOS). Esta herramienta contiene ocho ítems divididos en tres dimensiones: selección, comparabilidad y resultado (para estudios de cohortes) o exposición (para estudios de casos y controles). Se utiliza un sistema de puntos para proporcionar una evaluación semicuantitativa de la calidad del estudio, de modo que los estudios de mayor calidad reciben un máximo de un punto por cada ítem, con la excepción del ítem sobre comparabilidad, que permite la concesión de dos puntos. Así, la puntuación final oscila de 0 a 9 puntos. De 0 a 4 se consideran de baja calidad, de 5 a 6 de calidad moderada, y de 7 a 9 de alta calidad.
RESULTADOS
La búsqueda en las bases de datos arrojó 217 resultados. Tras eliminar estudios duplicados se recuperaron 35 registros. Se revisaron por título y resumen y por tipo de estudio, quedando un total de 21 artículos, de los cuáles 8 se eliminaron por no disponibilidad de texto completo,- y 1 por estar retractado, quedando un total de 12 estudios válidos para la presente revisión,,,,–.
En la Figura 1, se muestra el proceso de selección de dichos artículos, según las directrices de la normativa PRISMA 2020.
Características de los estudios
La Tabla 2 presenta las características de los 12 estudios analizados,,,,–. Entre ellas se incluyen el tamaño total de la muestra - con la estimación del sistema nacional de vigilanca electrónica de lesiones (NEISS) cuando corresponde - el tipo de participantes, la edad, el método de recogida de datos y los años abarcados por cada estudio.
Los datos de lesiones del sistema NEISS se recopilan de una muestra representativa de 100 hospitales en EE. UU. y sus territorios, con el fin de estimar a nivel nacional la magnitud de los problemas de salud. Cada caso tiene un peso estadístico basado en el hospital de origen y el volumen anual de visitas a su departamento de emergencia. Estos pesos estadísticos se ajustan para compensar la no participación de algunos hospitales, y las estimaciones nacionales se obtienen sumando todos los pesos estadísticos de los casos registrados.
Lesiones estudiadas, número de lesiones y género
La Tabla 3 presenta el tipo de lesiones estudiadas en cada estudio, siendo Zynda et al. el único estudio aglutina todo tipo de lesiones corporales, mientras que los únicos tres estudios que estudian todo tipo de trauma facial son Othman et al.. Scheffler et al. y Audlin et al.. Se muestra también el número total de lesiones faciales asociadas a la práctica del baloncesto, según lo reportado en los estudios incluidos,,,,–. El menor número de lesiones se observó en el estudio de Audlin et al., con un total de 7 casos registrados en una muestra de 33 atletas durante un período de 2 años. En contraste, el estudio de Xiao et al. reportó el mayor número de lesiones, con 36.931 casos en un estudio de cohortes con 158.979 a lo largo de 9 años. Además, se presenta la distribución de las lesiones por género, observándose una mayor incidencia en varones en aquellos estudios que reportan esta variable,,–,.
Tipo de lesiones
En la Tabla 4 se recogen los tres tipos de lesiones faciales más frecuentes en cada estudio. En el análisis de fracturas faciales, se identifica un predominio de las fracturas nasales, descritas en varios estudios,,. Por otro lado, en el conjunto general de lesiones, las laceraciones resultan ser las más comunes, destacando en los estudios de Othman et al. y Scheffler et al.. En las lesiones oculares, tanto en Kim et al. como en Go et al., las abrasiones corneales son el tipo de lesión más frecuente.
Mecanismo lesional
En este apartado se reflejan los mecanismos lesionales, aunque solamente dos de los estudios, muestran esta variable. Los tres tipos de mecanismos lesionales más frecuente observados fueron: contacto/colisión (con otra persona, con uno mismo o con equipamiento), golpe con el balón y caídas. Xiao et al. muestra que el contacto/colisión es el mecanismo más frecuente, con un 75,1%, seguido del impacto con el balón, con un 11,1%, mientras que la caída no llega al 1% del total. Othman et al. indican que el contacto/colisión se eleva a un 59,7%, con un 31% exclusivamente de golpes con el codo. La caída representa un 14,6% del total, seguido del impacto del balón con un 11,6%. Este estudio también muestra que lesión es más frecuente según el mecanismo lesional. Así, un golpe con el codo fue la causa más probable de producir una fractura facial (22,3%), mientras que el traumatismo directo con la pelota condujo a una abrasión/contusión facial en un 49,6%. Las colisiones y las caídas fueron las más probables de provocar laceraciones, con un 71,2% y un 70,9%, respectivamente.
Calidad metodológica
La tabla 5 evalúa la calidad metodológica de los artículos mediante la escala NOS. Tres de los artículos,, tienen una calidad alta, mientras que el resto,,,,- presentan una calidad metodológica moderada.
DISCUSIÓN
El objetivo de esta revisión sistemática fue sintetizar la evidencia científica actual sobre la epidemiología de las lesiones faciales en baloncesto, en jugadores y jugadoras de todos los niveles, edades y sexos, analizando su incidencia, tipo de lesión y mecanismo lesional.
Los artículos incluidos abarcan desde 2019 hasta 2024, periodo especialmente relevante por la interrupción de la temporada 2019–2020 debido a la pandemia de COVID-19. Durante ese año se observó una disminución notable en el número de lesiones, atribuida a la suspensión de competiciones. Sin embargo, la temporada 2020–2021 estuvo marcada por un calendario más condensado, lo que incrementó la carga física y redujo los tiempos de recuperación, favoreciendo un aumento de la incidencia lesional. Este hecho refuerza la necesidad de considerar variables contextuales, como la densidad de partidos y las condiciones del entorno, al analizar las lesiones deportivas.
Uno de los aspectos más relevantes observados es la amplia variabilidad en el tamaño de muestra, que abarca desde los 18 casos, en el estudio de Go et al.. y los más de 150.000 registros analizados por Xiao et al.. Esta disparidad afecta directamente la precisión de las estimaciones epidemiológicas: los estudios basados en bases de datos nacionales como el NEISS proporcionan una visión representativa a nivel poblacional, mientras que otras fuentes, como registros hospitalarios o de ligas profesionales, ofrecen información más contextualizada pero menos extrapolable,,.
La evidencia revisada confirma que las fracturas nasales constituyen la lesión más frecuente, lo que coincide con la vulnerabilidad anatómica de esta estructura. Las laceraciones faciales también fueron muy prevalentes, especialmente en estudios con un enfoque amplio de traumatismos,, mientras que en el ámbito ocular destacaron las abrasiones corneales,. Estas diferencias metodológicas reflejan la heterogeneidad temática de los estudios incluidos y dificultan la comparación directa de resultados. Además, la escasa información sobre el mecanismo lesional —solo detallada en dos estudios,. limita la posibilidad de diseñar estrategias preventivas específicas. Ambos trabajos señalaron al contacto/colisión con otros jugadores o con el balón como principal causa, seguido de las caídas accidentales.
Desde una perspectiva de género, la mayoría de los estudios coinciden en una mayor incidencia de lesiones faciales en varones,,–,, probablemente relacionada con una mayor intensidad y frecuencia de participación. Sin embargo, la falta de desagregación de datos por sexo en varios estudios representa una limitación metodológica importante. Las diferencias hormonales, antropométricas y biomecánicas podrían influir en la naturaleza y frecuencia de las lesiones, lo que subraya la necesidad de ampliar la investigación hacia el deporte femenino y diseñar estrategias de prevención sensibles al sexo.
En cuanto a la calidad metodológica, la mayoría de los estudios incluidos presentaron puntuaciones moderadas en la escala NOS,,-, y solo tres alcanzaron una calidad alta,,. La predominancia de diseños descriptivos, con escasa información longitudinal y limitada consideración de factores de confusión, restringe la validez de las conclusiones. Además, la repetida utilización de la misma base de datos (NEISS) en periodos temporales superpuestos,,,,- puede haber generado redundancia y sobreestimación de casos.
Un hallazgo transversal fue la baja utilización de elementos de protección craneofacial, pese a la evidencia que avala la eficacia de los protectores bucales en la prevención de lesiones dentales. Scheffler et al. demostraron una reducción significativa de las lesiones de cabeza y cuello en deportes que incorporan protecciones obligatorias, lo que refuerza la necesidad de fomentar su implementación en baloncesto.
En un plano más amplio, revisiones sistemáticas en otros deportes aportan un contexto comparativo. En rugby, las lesiones craneofaciales representan hasta un tercio de todos los traumatismos, con predominio de fracturas nasales y orbitarias,, mientras que en fútbol se ha descrito que entre el 12% y el 20% de las lesiones afectan a cabeza, cuello o cara, siendo frecuentes las laceraciones y el trauma dental. Estos hallazgos sugieren que, aunque el baloncesto no se clasifica como deporte de contacto pleno, el riesgo de traumatismos faciales es comparable al de disciplinas con mayor contacto físico. Por tanto, se hace necesario adoptar estrategias preventivas comunes —uso sistemático de protectores, programas educativos y sistemas estandarizados de registro— para mejorar la seguridad del deportista de manera transversal.
Una de las principales limitaciones transversales identificadas en esta revisión es la escasa información sobre el mecanismo de producción de las lesiones. Estos datos son de gran utilidad para el desarrollo de programas de prevención personalizados, según el perfil de riesgo y la posición del jugador/a. Solamente dos de los estudios,. ofrecen un análisis detallado al respecto, pese a que esta variable resulta clave para diseñar intervenciones preventivas específicas. En ambos casos, se señala al contacto o colisión con otro jugador/a o el balón como el mecanismo más frecuente, seguido por caídas accidentales. Othman et al. observaron que hasta un 75% de las lesiones se producen por contacto entre jugadores. El mismo estudio relaciona el tipo de lesión con el mecanismo lesional: las colisiones y caídas provocan principalmente laceraciones, mientras que los golpes con el codo tienden a generar fracturas. Estos hallazgos refuerzan la hipótesis de que muchas de las lesiones faciales podrían ser prevenidas con la implementación de normas de juego más estrictas o un mayor uso de protección facial (por ejemplo, protectores bucales),.
Asimismo, una de las principales debilidades identificadas en la literatura es la baja utilización de elementos de protección facial, como gafas, máscaras o protectores bucales. Aunque se ha documentado la eficacia del protector bucal en la prevención de lesiones dentales, su uso sigue siendo voluntario en la mayoría de ligas. Scheffler et al. demuestran que hubo una disminución significativa en la proporción de lesiones de cabeza y cuello en aquellos deportes en los que se permite el uso de protección craneofacial, lo cual refuerza la necesidad de implementar estrategias similares en el baloncesto para promover su uso.
Otro aspecto que merece atención es la heterogeneidad metodológica de los estudios analizados. La variedad de fuentes de datos (hospitalarias, registros clínicos, análisis de video, prensa deportiva) genera limitaciones en cuanto a la comparación directa de resultados y la precisión de las estimaciones. Esta disparidad metodológica refleja una necesidad urgente de estandarización en el reporte de lesiones deportivas. La adopción de sistemas unificados de clasificación y notificación, como la Arbeitsgemeinshaft für Osteosynsthesefragen (AO)/craniomaxillofacial (CMF), una clasificación para lesiones maxilofaciales, que proporciona registros estandarizados y validados como base para el diagnóstico, permitiría una evaluación más rigurosa y comparable entre contextos, deportes y niveles de competencia.
Uno de los principales sesgos metodológicos identificados en esta revisión es la repetición de datos al utilizar recurrentemente la misma base de datos (como el NEISS) y periodos temporales superpuestos en varios estudios,,,,-. Este fenómeno puede generar una sobreestimación o duplicación de casos, afectando la validez externa de las conclusiones. Por ejemplo, siete,,,,- de los doce estudios incluidos emplearon el NEISS para estimar la incidencia de lesiones faciales en el baloncesto, y varios de ellos abarcan años coincidentes (como 2012–2021),, lo que aumenta el riesgo de redundancia en los resultados. Esta repetición de fuente y tiempo limita la diversidad de contextos analizados y podría sesgar la percepción real de la prevalencia y distribución de las lesiones.
En este contexto, se identifican las siguientes líneas de investigación, que podrían aportar evidencia en el abordaje de esta problemática: (I) evaluación biomecánica de impactos faciales en baloncesto usando sensores y simulaciones por ordenador; (II) estudios longitudinales que analicen la reincidencia y evolución funcional y psicológica de las lesiones faciales; (III) intervenciones educativas y comunitarias en categorías juveniles para fomentar el uso precoz y naturalizado de protectores faciales; (IV) análisis costo-beneficio del equipamiento preventivo, especialmente en contextos aficionados o con menos recursos; (V) evaluación de factores contextuales y estructurales que pueden modificar la carga lesional.
CONCLUSIÓN
Las lesiones faciales en baloncesto son frecuentes y clínicamente relevantes, aunque a menudo infravaloradas. Su impacto excede el daño físico inmediato, incluyendo consecuencias estéticas, funcionales y psicológicas. Además, la elevada prevalencia de fracturas nasales subraya la necesidad de reforzar estrategias de prevención, estandarizar los sistemas de notificación y fomentar el uso de equipamiento protector. Asimismo, se propone considerar la dimensión psicológica del deportista, incorporando a profesionales de la salud mental en los equipos multidisciplinares. Por todo ello,las instituciones deportivas tienen un papel esencial en la reducción de esta carga lesional mediante políticas de protección obligatoria, programas de concienciación y formación específica para entrenadores, médicos y jugadores.
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